miércoles, 4 de octubre de 2017

San Francisco, pobre y servidor buscador de Dios

En la iglesia, hoy celebrábamos al pequeño pobre de Dios, San Francisco de asís.
Dos notas o lecciones que nos podrían hacer mucho bien para este tiempo a nosotros, pueden ser estas:
San Francisco nos deja con el legado de su vida dos llamadas: Reconstrucción y reconciliación.




Como llamada a la reconstrucción, San Francisco de Asís recibió del crucificado en la Cruz de San Damián la invitación a reconstruir a su iglesia, no solamente por fuera sino hacia dentro, entre sus mismos miembros y estructuras. También nosotros estamos necesitados de ser como pueblo de Dios reconstruidos, renovados y revitalizados.

Reconciliación: San Francisco de Asís, es el santo amante de la naturaleza por antonomasia, tanto así que muchos ecologistas lo han tomado como santo patrón. 

Nosotros como creyentes estamos no solamente invitados, sino urgidos por parte del Señor a vivir cómo humanidad reconciliada, desde nosotros mismos hacia todo cuanto nos rodea.


¿No estamos leyendo en los signos de los tiempos, la necesidad que tenemos de deponer nuestros propios intereses a veces egoístas, en favor de un bien común que está por encima de nuestros egoísmos?   

Vivir reconciliados con uno mismo, vivir reconciliados con los demás, y vivir reconciliados con la naturaleza como lugar de encuentro con Dios. 


Todo cuanto nos rodea nos habla del creador, lo dice el bello cántico de las criaturas de San Francisco. 


La reconciliación encuentra su punto de unión en aquel que nos llamó a  la vida, es decir en Dios. 

En el canto de las criaturas se ve como incluso los polos más opuestos encuentran en la alabanza a Dios su punto de unión.

Seamos nosotros también así, mensajeros de la paz; que donde haya tristeza pongamos alegría, que donde haya odio pongamos unión, que donde haya guerras pongamos paz, que donde haya miedo llevemos la esperanza de la salvación.


Cántico de las criaturas de San Francisco: 

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.


Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.


Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!


Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!


Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!


Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!


Y por la hermana muerte: ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa a su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!


¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

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