Leemos en el Evangelio de éste día, cómo el Señor manda mensajeros delante de él. ¡Qué reconfortante como creyentes saber que el Señor valora nuestra labor y se apoya en nuestra misión!. A menudo solemos pensar que, como discípulos, hemos de ir dos o tres pasos detrás del Maestro para no perder de vista sus palabras y sus gestos e imitar después nosotros lo mismo que en el Señor hemos visto y oído. Es cierto, no debemos perder de vista al Señor, si así fuera, nada de lo que hiciéramos abriría camino para su llegada ni sería realizado en su nombre. Sin embargo, el Señor nos pide ser audaces, idear nuevos medios y nuevas formas por las cuales los demás puedan vivir un encuentro con el Señor.
El Evangelio de éste día nos invita a sentirnos enviados por el Maestro. Como los discípulos, una vez que hemos pasado un tiempo atendiendo a sus enseñanzas, que nos hemos ¨empapado¨de él, debemos sentir la urgencia de abrir caminos nuevos para la llegada de su persona y su mensaje.
Jesús tomó la decisión de ¨ir a Jerusalén¨. Con ello, se nos recuerda que el cumplimiento de la misión es fundamental; que está por encima de miedos y perezas. A pesar de que las circunstancias eran y pueden ser también ahora difíciles a la hora de anunciar o de entablar un diálogo desde el punto de vista de la fe, nos debe de invadir un enorme consuelo. El Señor se apoya en nosotros, se fía, confía en que seremos capaces de abrir nuevos cauces que inicien un nuevo diálogo con los habitantes que no han recibido el anuncio de la venida del Señor.
El éxito en el diálogo con las personas que se encuentran menos cercanas a Jesucristo, no depende de nosotros. Cada quien tiene su tiempo y su momento, nosotros tan solo debemos de preocuparnos de que nuestros gestos: ¨ponernos en camino¨ , acompañen a nuestras palabras: ¨la oración del padrenuestro que rezamos¨. ¡Que como los discípulos no caigamos en la tentación de la desesperanza con nadie, que no demos a nadie por perdido ni por imposible, que no nos olvidemos de ninguno de los que el Señor ha puesto a nuestro lado!. Que nadie resulte indiferente para nosotros, sino que, si en verdad anunciamos al Señor, nos importe más el anuncio y la salvación del hermano, que nuestra propia fama y prestigio.
Evangelio del día:
Lc 9,51-56: Tomó la decisión de ir a Jerusalén.
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
-Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y acabe con ellos?
El se volvió y les regañó, y dijo:
-No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.
Y se marcharon a otro aldea.


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