miércoles, 15 de noviembre de 2017

Jornada Mundial de los pobres

  

 El Papa Francisco, nos convoca este próximo domingo a  amar con obras, a salir al encuentro especialmente de aquellos que más nos necesitan.  No solo de palabra sino con obras y hechos concretos. Por ese motivo, nuestra comunidad, quiere acoger el mensaje y atender la llamada de nuestro pastor. Por este motivo, en nuestra comunidad parroquial, tendremos un gesto concreto. No solamente celebraremos la eucaristía en favor de los más necesitados, sino que también aportaremos nuestro pequeño granito de arena, como tan bien sabe hacer esta comunidad de hermanos. 
 Al finalizar la Eucaristía, depositaremos a los pies del altar nuestro kilo de alimento no perecedero o nuestro donativo que irá destinado a aquellos que se encuentran en  situación de necesidad. 
 La recogida de alimentos comenzará al finalizar la eucaristía del próximo domingo día 19 de noviembre y finalizará tras la celebración de la eucaristía del próximo domingo día 26 de noviembre. A lo largo de la semana, podréis también llevar vuestros alimentos o donativos a la parroquia  en el horario habitual.





El logo y el lema de la jornada mundial de los pobres:

La dimensión de la reciprocidad se ve reflejada en el logo de la Jornada Mundial de los Pobres. Se nota una puerta abierta y sobre el umbral dos personas que se encuentran. Ambas extienden la mano; una para pedir ayuda, la otra porque quiere ofrecerla. En efecto, es difícil comprender quién de los dos sea el verdadero pobre. O mejor, ambos son pobres. Quien tiende la mano para ayudar está invitado a salir para compartir. Son dos manos tendidas que se encuentran donde cada una ofrece algo.
Dos brazos que expresan solidaridad y que incitan a no permanecer en el umbral, sino a ir a encontrar el otro. El pobre puede entrar en la casa, una vez que en ella se ha comprendido que la ayuda es el compartir. En este contexto, las palabras que el Papa Francisco escribe en el Mensaje se cargan de un profundo significado: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.”


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