La Iglesia, celebra hoy la memoria de San Jerónimo. A este santo del siglo IV-V, le debemos el poder leer a día de hoy la Sagrada Biblia. San Jerónimo fue quien por encargo del Papa español San Dámaso, tradujo del griego y del hebreo al latín los textos sagrados .
Es considerado uno de los cuatro padres de la Iglesia. Su obra, la traducción de la Biblia, recibió el nombre de ¨vulgata¨, que significa ¨para el pueblo¨.
Una de las frases mas conocidas de este santo cuya memoria celebramos hoy, fue:
¨DESCONOCER LAS ESCRITURAS, ES DESCONOCER A CRISTO¨.
A día de hoy, todos tenemos la posibilidad de acercarnos a la Palabra de Dios; tenemos a nuestro alcance tanto en edición impresa, como en versión digital la Sagrada Escritura.
Leer y meditar la Biblia, es escuchar la voz de aquel que nos ha llamado a la vida.
Atender a la voz de Dios revelada por medio de la Escritura, es recibir respuestas a nuestros interrogantes sobre la existencia.
Los discípulos, no entendían o no querían entender por miedo lo que el Señor les estaba diciendo; tampoco querían preguntar, no fuera que se vieran involucrados o tuvieran que correr la misma suerte de lo que el Señor les estaba revelando en secreto.
Nosotros, sabemos el desenlace de la vida del Señor, sin embargo a veces también tememos aventurar la vida. Una de nuestras tentaciones, al igual que la de los discípulos, es hacer oídos sordos y reservarnos para una causa mejor o mas grande, la cual, muchas veces ni siquiera llega.
¨No hay amor mas grande que dar la vida por los amigos¨, esa fue siempre la única y mas grande causa que Jesucristo tuvo presente. También es la mejor y mayor de las causas en las que los hombres pueden verse involucrados.
¡No temamos preguntarle al Señor sobre los por qué de nuestra vida!, ¡no temamos abrir la Palabra de Dios e ir dejando que nos responda a nuestros interrogantes!; ¡no temamos escuchar la voz del Señor y dejar si es necesario que enderece nuestras sendas!.
Evangelio del día:
Lc 9,43b-45: Al Hijo del Hombre lo van a entregar. Les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
-Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres.
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

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